Duendecito del monte
alumbrador de sueños,
siembra en mi tierra herida
esperanza y consuelo.
Siembra en mi tierra herida
esperanza y consuelo.
Toca la melodía
que despierta colores,
mis mañanas extrañan
el perfume de las flores.
Duendecito amigo
te pido un deseo:
que nuestro verde no sea
sólo surcos de silencio.
Quiero muchos arbolitos
y el canto del jilguero.
Duendecito del monte
alumbrador de sueños,
siembra en mi tierra herida
esperanza y consuelo.
Siembra en mi tierra herida
esperanza y consuelo.
Toca una melodía
con tu arpa de lluvia
y que germine en mi tierra
nuestra semilla fecunda.
Que vuelvan las tardes azules
de rondas y juegos,
bajo la sombra de un árbol
con mariposas en vuelo.
Los duendes son seres mágicos, parte del imaginario de la niñez que puebla la literatura infantil con sus historias y aventuras. El “duendecito del monte”, guardián de los montes, es uno de ellos.
La letra de esta canción enuncia el deseo de volver a ver en el campo flores silvestres, mariposas, luciérnagas y abejas. Muchas de estas especies están desapareciendo paulatinamente por la transformación y destrucción de sus hábitats lo que pone en peligro la polinización, proceso natural e imprescindible para la continuidad de la vida en la tierra.
Al ritmo de carnavalito, la grabación de las voces de los niños fue una gran fiesta matizada por diálogos en los que se aventuraban nombres e historias para el duendecito.
Al escucharlos cantar recordamos, con nostalgia y alegría, algunas canciones de Los Arroyeños que marcaron a fuego y arte muchas infancias felices.
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Una canción para mi tierra
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Duendecito del monte
alumbrador de sueños,
siembra en mi tierra herida
esperanza y consuelo.
Siembra en mi tierra herida
esperanza y consuelo.
Toca la melodía
que despierta colores,
mis mañanas extrañan
el perfume de las flores.
Duendecito amigo
te pido un deseo:
que nuestro verde no sea
sólo surcos de silencio.
Quiero muchos arbolitos
y el canto del jilguero.
Duendecito del monte
alumbrador de sueños,
siembra en mi tierra herida
esperanza y consuelo.
Siembra en mi tierra herida
esperanza y consuelo.
Toca una melodía
con tu arpa de lluvia
y que germine en mi tierra
nuestra semilla fecunda.
Que vuelvan las tardes azules
de rondas y juegos,
bajo la sombra de un árbol
con mariposas en vuelo.
Los duendes son seres mágicos, parte del imaginario de la niñez que puebla la literatura infantil con sus historias y aventuras. El “duendecito del monte”, guardián de los montes, es uno de ellos.
La letra de esta canción enuncia el deseo de volver a ver en el campo flores silvestres, mariposas, luciérnagas y abejas. Muchas de estas especies están desapareciendo paulatinamente por la transformación y destrucción de sus hábitats lo que pone en peligro la polinización, proceso natural e imprescindible para la continuidad de la vida en la tierra.
Al ritmo de carnavalito, la grabación de las voces de los niños fue una gran fiesta matizada por diálogos en los que se aventuraban nombres e historias para el duendecito.
Al escucharlos cantar recordamos, con nostalgia y alegría, algunas canciones de Los Arroyeños que marcaron a fuego y arte muchas infancias felices.
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