Juguemos en el campo
mientras Monsanto no está.
Juguemos en el campo
mientras Monsanto no está.
Que florezca mi yuyito,
que perfume mi canción.
Que florezcan nuestros hijos
sin herbicidas, mi amor.
Que vuelen muchas abejas
y polinicen tu flor.
Que a mi escuelita del campo
no la fumigue un avión.
Queremos el fruto maduro
de un futuro de sol.
Santo de la mentira, de oscura reputación.
No se cura el hambre del mundo
envenenando la flor.
No maten los arbolitos
para sembrar y sembrar.
El monte es de los duendes,
no destruyan su lugar.
Nuestra semilla más pura
será una planta de amor,
porque cuidamos el fruto,
el agua, la tierra y el sol.
La semilla es la vida
de un futuro mejor.
Santo de la codicia,
no es santo de mi devoción.
La Pachamama escupe el veneno
que destila tu corazón.
Fuera Monsanto de América latina.
Para Monsanto semillitas de amaranto.
Semillitas de amaranto
líbranos de tanto espanto.
Que corra el río tranquilo,
que sople un viento mejor.
Tierra, lluvia y sol
para mi semilla de amor.
“Juguemos en el campo” es la primera canción que grabamos, el inicio de este gran sueño. Queríamos hacer nuestra “Marcha de la bronca” y manifestar nuestro sentir y preocupación por todo lo que estaba trascendiendo sobre estudios de salud y estadísticas realizadas en localidades cercanas a nuestras escuelas y comunidades, como Monte Maíz y Canals. Estos estudios evidenciaban una conexión directa entre múltiples enfermedades y las fumigaciones con agrotóxicos. Esta canción fue escrita y grabada cuando aún no se había encontrado culpable a la multinacional Monsanto por daños a la salud y el ambiente, crímenes de guerra y ecocidio.
La canción es un ejercicio de intertextualidad y de resignificación de la invencible obra de María Elena Walsh “Diablo, ¿estás?” del disco “Juguemos en el mundo”.
Películas
Una canción para mi tierra
Amazonía
Talleres
Quiero colaborar
Juguemos en el campo
mientras Monsanto no está.
Juguemos en el campo
mientras Monsanto no está.
Que florezca mi yuyito,
que perfume mi canción.
Que florezcan nuestros hijos
sin herbicidas, mi amor.
Que vuelen muchas abejas
y polinicen tu flor.
Que a mi escuelita del campo
no la fumigue un avión.
Queremos el fruto maduro
de un futuro de sol.
Santo de la mentira, de oscura reputación.
No se cura el hambre del mundo
envenenando la flor.
No maten los arbolitos
para sembrar y sembrar.
El monte es de los duendes,
no destruyan su lugar.
Nuestra semilla más pura
será una planta de amor,
porque cuidamos el fruto,
el agua, la tierra y el sol.
La semilla es la vida
de un futuro mejor.
Santo de la codicia,
no es santo de mi devoción.
La Pachamama escupe el veneno
que destila tu corazón.
Fuera Monsanto de América latina.
Para Monsanto semillitas de amaranto.
Semillitas de amaranto
líbranos de tanto espanto.
Que corra el río tranquilo,
que sople un viento mejor.
Tierra, lluvia y sol
para mi semilla de amor.

“Juguemos en el campo” es la primera canción que grabamos, el inicio de este gran sueño. Queríamos hacer nuestra “Marcha de la bronca” y manifestar nuestro sentir y preocupación por todo lo que estaba trascendiendo sobre estudios de salud y estadísticas realizadas en localidades cercanas a nuestras escuelas y comunidades, como Monte Maíz y Canals. Estos estudios evidenciaban una conexión directa entre múltiples enfermedades y las fumigaciones con agrotóxicos. Esta canción fue escrita y grabada cuando aún no se había encontrado culpable a la multinacional Monsanto por daños a la salud y el ambiente, crímenes de guerra y ecocidio.
La canción es un ejercicio de intertextualidad y de resignificación de la invencible obra de María Elena Walsh “Diablo, ¿estás?” del disco “Juguemos en el mundo”.
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