Nada está escrito,
una página en blanco es el destino.
Nada está escrito.
Somos arquitectos de un sueño divino,
somos forjadores de nuestro destino,
somos esperanza que brilla como soles,
somos nuestras luchas y también nuestros errores.
Venimos bien de adentro zumbando en los oídos
gritando nuestra bronca a aquel que está dormido.
Venimos escribiendo nuestra historia en canciones,
venimos pariendo nuevas revoluciones.
Para todos aquellos que toman esas decisiones
arriesgando nuestras vidas sin tener contemplaciones,
sepan que el dinero no cambiará sus suertes
cuando el corazón se apague en un planeta inerte.
No queremos que envenenen nuestro suelo,
que maten nuestros montes, que oscurezcan nuestro cielo.
Este canto tiene el color de mil banderas,
nuestras voces hablan el idioma de la tierra.
Somos nuestras Normas, somos nuestras Parcas.
Somos nuestras Moinas, somos nuestras Laimas.
Vivimos como si el mundo tuviese repuestos
y cuando ya no resista, ¿qué haremos con esto?
No existe un después si no existe un presente,
presente de compromiso y conciencia resiliente.
Somos alquimistas de un sueño divino,
somos arquitectos de nuestro destino.
Cantar lo que yo siento.
Sacar todo de adentro.
Soñar siempre despierto.
Cambiar lo que lastima.
Sembrar nuestra utopía.
Crear un nuevo día.
Nada está escrito.
En una de las escuelas rurales, antes de empezar la clase de música, les comenté a mis alumnos que la provincia de Chaco es una de las más castigadas por la desforestación y está sufriendo inundaciones, con todo lo doloroso que eso acarrea para los pobladores. Un niño de quinto grado contó que escuchó esas noticias con su familia y que su tía dijo que, tanto las inundaciones como muchos males que sufre la humanidad, ya “estaban escritos”, como terribles profecías ante las que nada se puede hacer. El mismo niño, luego de su relato, expresó: “Yo creo que no es así, porque si no ¿para qué venimos a la escuela y para qué hacemos canciones?”.
Estas palabras nos llevaron a charlar en el aula y entre todos comenzamos a escribir lo que sería el comienzo de la canción: “Nada está escrito, una página en blanco es el destino”. Y luego continuamos describiendo cómo nos percibimos en nuestra lucha diaria por una casa común más sana y más justa.
En la mitología griega, las Moiras (en griego antiguo Μοῖραι, 'repartidoras') eran las personificaciones del destino. Sus equivalentes en la mitología romana eran las Parcas o Fatae, las Laimas en la mitología báltica y las Nornas en la nórdica.
“El destino de la humanidad será el que nosotros nos labremos”
— Albert Einstein.
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Una canción para mi tierra
Amazonía
Talleres
Quiero colaborar
Nada está escrito,
una página en blanco es el destino.
Nada está escrito.
Somos arquitectos de un sueño divino,
somos forjadores de nuestro destino,
somos esperanza que brilla como soles,
somos nuestras luchas y también nuestros errores.
Venimos bien de adentro zumbando en los oídos
gritando nuestra bronca a aquel que está dormido.
Venimos escribiendo nuestra historia en canciones,
venimos pariendo nuevas revoluciones.
Para todos aquellos que toman esas decisiones
arriesgando nuestras vidas sin tener contemplaciones,
sepan que el dinero no cambiará sus suertes
cuando el corazón se apague en un planeta inerte.
No queremos que envenenen nuestro suelo,
que maten nuestros montes, que oscurezcan nuestro cielo.
Este canto tiene el color de mil banderas,
nuestras voces hablan el idioma de la tierra.
Somos nuestras Normas, somos nuestras Parcas.
Somos nuestras Moinas, somos nuestras Laimas.
Vivimos como si el mundo tuviese repuestos
y cuando ya no resista, ¿qué haremos con esto?
No existe un después si no existe un presente,
presente de compromiso y conciencia resiliente.
Somos alquimistas de un sueño divino,
somos arquitectos de nuestro destino.
Cantar lo que yo siento.
Sacar todo de adentro.
Soñar siempre despierto.
Cambiar lo que lastima.
Sembrar nuestra utopía.
Crear un nuevo día.
Nada está escrito.

En una de las escuelas rurales, antes de empezar la clase de música, les comenté a mis alumnos que la provincia de Chaco es una de las más castigadas por la desforestación y está sufriendo inundaciones, con todo lo doloroso que eso acarrea para los pobladores. Un niño de quinto grado contó que escuchó esas noticias con su familia y que su tía dijo que, tanto las inundaciones como muchos males que sufre la humanidad, ya “estaban escritos”, como terribles profecías ante las que nada se puede hacer. El mismo niño, luego de su relato, expresó: “Yo creo que no es así, porque si no ¿para qué venimos a la escuela y para qué hacemos canciones?”.
Estas palabras nos llevaron a charlar en el aula y entre todos comenzamos a escribir lo que sería el comienzo de la canción: “Nada está escrito, una página en blanco es el destino”. Y luego continuamos describiendo cómo nos percibimos en nuestra lucha diaria por una casa común más sana y más justa.
En la mitología griega, las Moiras (en griego antiguo Μοῖραι, 'repartidoras') eran las personificaciones del destino. Sus equivalentes en la mitología romana eran las Parcas o Fatae, las Laimas en la mitología báltica y las Nornas en la nórdica.
“El destino de la humanidad será el que nosotros nos labremos”
— Albert Einstein.
Canciones Urgentes para Mi Tierra
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