Jairo
"Para aquel que pasa o ha pasado su vida en permanente contacto con la naturaleza, interactuando con ella, tratando de entender sus humores y siendo guarnecido por ella, le debe resultar muy difícil comprender la situación en la que se encuentra hoy, necesitada de la unidad de cuidados intensivos más urgente de la historia. A nuestro amado planeta le duelen las heridas, y sangra por los volcanes, las llanuras y las montañas. Su dolor no encuentra consuelo ni en los paños calientes de las puestas de sol, ni en los mantos de estrellas que lo cubren del frio por las noches. Aquí ya no queda nada por ver, ya lo hemos visto todo. Sin embargo queda mucho por hacer y a eso, que no es poco, apunta este proyecto. Hay que pasar página de tantas resoluciones incumplidas y recuperar el tiempo perdido.
Me enorgullece comprobar que hay gente dispuesta a hacerlo. Y me congratula aún más saber que, gracias a ellos, puedo sentirme parte de la iniciativa. Valoro el accionar de los niños. Estos escolares, guiados por buenas voluntades adultas, conseguirán con estas “Canciones urgentes para mi tierra” mucho más que lo surgido de tantas reuniones estériles que se organizan en grandes núcleos urbanos y que nos alejan cada vez más de las soluciones a los problemas acuciantes que enfrenta la naturaleza.
El planeta es de los niños, el futuro también.
Tomasso Campanella escribió, hace ya varios siglos, que la naturaleza es el manuscrito de Dios, solo habría que agregar que también es la morada de los seres humanos y tenemos la obligación de velar por ella".
Jairo
"Para aquel que pasa o ha pasado su vida en permanente contacto con la naturaleza, interactuando con ella, tratando de entender sus humores y siendo guarnecido por ella, le debe resultar muy difícil comprender la situación en la que se encuentra hoy, necesitada de la unidad de cuidados intensivos más urgente de la historia. A nuestro amado planeta le duelen las heridas, y sangra por los volcanes, las llanuras y las montañas. Su dolor no encuentra consuelo ni en los paños calientes de las puestas de sol, ni en los mantos de estrellas que lo cubren del frio por las noches. Aquí ya no queda nada por ver, ya lo hemos visto todo. Sin embargo queda mucho por hacer y a eso, que no es poco, apunta este proyecto. Hay que pasar página de tantas resoluciones incumplidas y recuperar el tiempo perdido.
Me enorgullece comprobar que hay gente dispuesta a hacerlo. Y me congratula aún más saber que, gracias a ellos, puedo sentirme parte de la iniciativa. Valoro el accionar de los niños. Estos escolares, guiados por buenas voluntades adultas, conseguirán con estas “Canciones urgentes para mi tierra” mucho más que lo surgido de tantas reuniones estériles que se organizan en grandes núcleos urbanos y que nos alejan cada vez más de las soluciones a los problemas acuciantes que enfrenta la naturaleza.
El planeta es de los niños, el futuro también.
Tomasso Campanella escribió, hace ya varios siglos, que la naturaleza es el manuscrito de Dios, solo habría que agregar que también es la morada de los seres humanos y tenemos la obligación de velar por ella".